lunes, 7 de febrero de 2011

EL DISCURSO DEL REY

La secuencia inicial de El discurso del rey representa en sí, el retrato de la totalidad de la pelicula.
Hombre traumatizado se enfrenta a la soledad de un micrófono delante de una muchedumbre en el viejo estadio de Wembley.
Apreciable es a simple vista, que este hombre carga con demasiado peso sobre sus hombros. Más del que es capaz de soportar.
Este hombre es tartamudo. Él es Colin Firth, el próximo ganador del Oscar al mejor actor principal.

De entrada cabe destacar que sin ser una pelicula que vaya a guardar en mi memoria de aqui a la eternidad, estamos ante un film elegante y sobrio.
Rezuma cultura british por todos sus poros y visualmente resulta muy agradable en todo momento, atreviéndose a combinar ese estilismo con unos sutiles acordes de una banda sonora que no desmerece en absoluto, y que dicho sea de paso, conviene no descartar para la vorágine del Kodac Theatre dentro de apenas tres semanas.

La historia es simple, Colin Firth da vida al duque de York, que se convirtió de penalty en rey de Gran Bretaña con el nombre de Jorge VI, tras la abdicación de su hermano mayor, el vividor Eduardo VIII.
Su tartamudez, gran impedimento para la realización de sus funciones, lo llevó a buscar la ayuda de un especialista del habla, el logopeda Lionel Logue, interpretado por un impecable Geoffrey Rush, por medio de una serie de técnicas poco ortodoxas, consigue ahondar en el problema profundo de su mala dicción, corregir este defecto, y de paso forjar una relación duradera de amistad de esas que tanto gustan en Hollywood.
Estamos ante una cinta sin duda cargada de tintes incorregibles de historia de superación personal, con diálogos intensos y ubicada en casi todos los estratos de confrontación humana imaginables.

Si bien es cierto que no todo el monte es orégano. Y es si por algo se caracteriza la 'pulcritud' británica es principalmente por tender a levantar un telón de acero frente a las emociones, y aunque esto pueda parecer una faceta que pueda jugar a su favor convirtiendo a la historia en honesta y poco pretenciosa, la hace parecer un tanto fría y distante en el climax final.
En parte, y este comentario se lo debo a mi hermana, debido a que tocan el tema de un mundo al borde de su autodestrucción casi de soslayo, centrándose en exceso en un problema del personaje que por momentos puede llegar a cargar y resultar redundante.
Digo más, si no ha conseguido engancharte desde el principio, dificilmente lo hará. Porque entonces te resultará una experiencia densa y poco gratificante.


Arkaitz.

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